Inaugurando este nuevo espacio dentro de nuestro sitio web, conversamos con la reconocida escritora cordobesa Cristina Bajo, quien además nos honra al ser nuestra “Madrina Cultural”. Aquí algunos pasajes de la entrevista que tan amablemente nos concedió.



¿Qué cambios observa en la mujer durante las últimas décadas?
Una presencia importante en cargos de liderazgo, que venía incrementándose desde la Primera Guerra Mundial, cuando las mujeres comenzaron a “salir” del ámbito doméstico para suplir la ausencia de los hombres.
¿El ser exitosa posterga los demás roles que la mujer tiene que desempeñar?
En general, sí, pero creo que tenemos la capacidad de jugar muchos roles al mismo tiempo, cosa que le resulta difícil al hombre. La mujer ha creado ya una serie de soportes en los que se apoya para poder mantener control sobre todos sus roles. Eso depende, en general, de la estrategia que sea capaz de instrumentar para tal fin.
¿En el tema de género, todas las desigualdades se justifican porque es una cuestión cultural?
Algunos estudiosos sostienen eso, lo mismo que muchas feministas. Yo no creo que la cuestión cultural sea tan determinante. Creo que más bien depende del carácter de la mujer. Cuando todas aceptaban casarse en cuanto sus padres las presionaban, muchas dijeron un “no” rotundo y se escudaron en los mandatarios que podían protegerlas –Mariquita Sánchez con el Virrey, es un ejemplo- o en la Iglesia, que al contrario de lo que se cree y según consta en innumerables documentos, apoyó a la mujer en cuanto se atrevía a denunciar cualquier tipo de abuso, incluyendo los de los sacerdotes que se aprovechaban del predominio que tenían sobre sus “feligresas”. Desobedecer es una determinación con la que se elude el condicionamiento. Muchas de estas mujeres que dijeron “No”, no fueron castigadas de ninguna manera. La cuestión era tener la voluntad de ser responsables de sus actos mientras otras preferían llorar echándoles la culpa a los hombres o a la justicia.
¿En el primer tomo de la trilogía Millenium "Los hombres que no amaban a las mujeres", cree Ud. que las mujeres de hoy se animarán a tomar la actitud de Lisbeth Salander?
Creo que Lisbeth Salander es uno de los personajes más fuertes de la literatura de los últimos años, que se recordará como a Madame Bovari o Ana Karenina, salvando el siglo. Y creo que sí, que hoy tenemos muchas mujeres que son capaces de tomar el destino en sus manos y no permitir que se las convierta en víctimas.
¿Comparando la emancipación de las mujeres argentinas e italianas, cuál es la diferencia que Ud. observa entre estos países? (leyes, derechos, natalidad, etc.).
Creo –aunque no tengo bastantes elementos para dar una respuesta contundente- que argentinas e italianas se asemejan bastantes: somos ambas descendientes de países latinos, con ciertas pautas culturales semejantes. En este momento, creo que en la Argentina tiene más incidencia la raíz itálica que la española, a causa de la presencia masiva de familias italianas en nuestro país desde finales del S. XIX, y del protagonismo que esas familias lograron en los campos de educación, agro, industrias, comercios y estudios. Pero aún así, la impresión que me queda es que la mujer europea en general y la italiana, comparándola con la nuestra, tiene un mejor dominio del entorno y una superior autodeterminación. Las italianas cuentan con el Derecho Romano desde hace siglos, aunque a veces las leyes de los pueblos hispano-americanos se adelantaron a las mismas de países desarrollados. Por otra parte, creo que las italianas tienen un mayor control sobre sus cuerpos, con respecto al uso de preservativos para poder disfrutar con más libertad del sexo, evitando así enfermedades y embarazos no deseados. Por las mujeres jóvenes que conozco, tengo la inquietante impresión de que el sexo, entre las argentinas es un impulso que debe dejarse en libertad, sin tomar recaudos. A eso se suma que el tema de la educación sexual en nuestro país sigue siendo objeto de controversia y que, si bien exigimos que los docentes lo impartan en los colegio, no los preparamos para la materia.
¿Un país donde la haya sorprendido su cultura?
En general, los países europeos. No podría particularizar. En Sudamérica, Chile y Uruguay.
¿El libro que más la atrapó?
Muchos, pero últimamente, los de Stieg Larsson con su Lisbeth Salander.
¿Un libro de su autoría en el que se sintió más identificada?
El Jardín de los Venenos. Sebastiana es, en alguna medida, mi alter ego.
¿Algunas mujeres que han gestado un cambio radical en la historia del género?
Las filósofas griegas, las santas que abrieron conventos para que las mujeres pudieran aprender a leer y escribir, las primeras escritoras, como la Christine de Pisan, la Sofonisba Anguissola, gran pintora del Renacimiento, y Artemisia Gentileschi, una de las grandes artistas del Barroco, la primera mujer admitida en la Academia de Dibujo de Florencia. Las reinas guerreras, las primeras enfermeras y científicas, las que fundaron periódicos, las que pidieron el voto femenino, las directoras de cine, y tantas otras, muchas sin nombre, que de alguna manera pelearon, no sólo por su género, sino por la humanidad entera.
¿Hace unos días se informó en los medios que en el 2009 las ventas de obras de escritores cordobeses habían aumentado en un 20%, a que se debe este incremento?
A que los cordobeses escribimos mejor y que ya no es una ilusión poder editar y ser leídos no sólo en Córdoba, sino en las grandes capitales y además ganar concursos internacionales.
¿Un día en su vida?
Levantarme tarde –escribo hasta el amanecer-, tomar una taza de café o mate, según mi ánimo; regar las plantas, atender a mis animales y ponerme a escribir. Almuerzo a las 4 de la tarde; a veces corto un rato, a las 8 de la noche, para estirar las piernas, pues me canso de estar tanto tiempo sentada. Luego escribo nuevamente, ceno como a las doce de la noche, veo algo de televisión o una película, contesto el correo electrónico, escribo mi novela, y me voy a la cama. Leo hasta que me de sueño. No puedo dormirme sin leer algún libro, y suelo tener varios empezados en mi mesa de luz, para elegir de acuerdo al ánimo o al cansancio. Algunos días fijos recibo a amigos a cenar –de aquellos que llevo a la cocina-, o a mis nietos.
¿Hobby?
Tengo una galería de arte universal en mi computadora; elegir cuadros y separarlos por temas es una de las cosas que más me descansan. Buscar libros viejos por internet, y enterarme de las novedades de las editoriales todos los meses.
¿Un sueño hasta hoy incumplido?
Viajar a España, a la aldea de mis abuelos. Conocer Gran Bretaña, especialmente la céltica.
¿Algunos consejos para las mujeres que aún sienten culpa?
Hay que vivir de tal modo que no tengamos que sentir culpa: si alguna vez tenemos que transgredir, que sea a sabiendas y con los ojos abiertos. Ayuda saber que, pase lo que pase, no tuvimos intención de dañar a otros.
¿Una anécdota?
Un mediodía estaba parada en el centro, en Rivera Indarte y Colón. No sabía si tomar un taxi o a ir a comprar libros. Una pareja se detuvo a la entrada de la Cripta jesuítica. La mujer le dice al hombre que siempre vienen a Córdoba y nunca han entrado, que por qué no bajan a recorrerla. Él mira el reloj y le advierte: “Es mejor que vengamos otro día. Creo que acaban de asesinar a don Felipe Osorio”, aludiendo a un episodio de “En tiempos de Laura Osorio”, que justamente sucedía a esa hora. Ella, muy seria, le dio la razón. Y yo me quedé callada, viéndolos irse del brazo, sin atreverme a decirles que yo era la autora de aquella historia.